
10/03/2026
Miguel Ángel Del Arco Blanco: LA HAMBRUNA ESPAÑOLA. VICTORIA Y MUERTE EN LA POSGUERRA ESPAÑOLA (Crítica Barcelona, 2025).
"El hambre y la voluntad de sobrevivir transformaron el mundo laboral. Muchos hombres y mujeres se ofrecieron a trabajar a cambio de la comida. Hacerlo era un símbolo de los nuevos tiempos que representaba el franquismo: quedaban atrás las huelgas y las luchas por un salario digno o por unas condiciones laborales negociadas entre las partes, típicas del periodo republicano; ahora, con la hambruna por delante, el salario consistía en tomar el alimento a cambio del trabajo, como quien toma un tren con destino a la supervivencia. Se renunciaba así a un sueldo en metálico que, por ser tan bajo, servía de poco para comprar comida en medio de la terrible inflación. En comarcas con cultivos intensivos o requeridas de mano de obra, fue común la llegada de personas que trabajaron en estas condiciones. En Zaidín (Huesca),muchos se empleaban en los arrozales a cambio del grano que recolectaban, lo que les permitía tener así acceso a este preciado cereal. Las comunidades gitanas se especializaron en cuidar el ganado a cambio de alimento: María afirma que, en Caniles (Granada),ella y sus hermanos se encargaban «de los pavos, marranos, ovejas y a cambio los payos nos daban pan».
Esta práctica se extendió al mundo de las empleadas del hogar, A veces, las familias esperaban a que sus hijas superasen la adolescencia para ponerlas a servir en otras casas, para tener así una boca menos que alimentar. La posguerra fue la edad dorada del servicio doméstico: multitud de mujeres jóvenes de origen pobre se emplearon como «chicas para todo» en casas de familias acomodadas. En el mundo rural, muchas trabajaron sencillamente por la comida, el vestido y el alojamiento. En las ciudades fue más común que cobrasen un sueldo, si bien muy bajo y completamente a discreción de las familias. La explicación moral y paternalista del régimen era que estas jóvenes serían protegidas y educadas por familias intachables".
Esta práctica se extendió al mundo de las empleadas del hogar, A veces, las familias esperaban a que sus hijas superasen la adolescencia para ponerlas a servir en otras casas, para tener así una boca menos que alimentar. La posguerra fue la edad dorada del servicio doméstico: multitud de mujeres jóvenes de origen pobre se emplearon como «chicas para todo» en casas de familias acomodadas. En el mundo rural, muchas trabajaron sencillamente por la comida, el vestido y el alojamiento. En las ciudades fue más común que cobrasen un sueldo, si bien muy bajo y completamente a discreción de las familias. La explicación moral y paternalista del régimen era que estas jóvenes serían protegidas y educadas por familias intachables".
















