02/08/2026

Mis reflexiones al visitar tres exposiciones entre finales de 2025 y el verano de 2026

Mis reflexiones al visitar tres exposiciones entre finales de 2025 y el verano de 2026

El objetivo de esta entrada es hacer aflorar los pensamientos que me surgieron en la visita a tres exposiciones organizadas en Barcelona a partir de noviembre de 2025 hasta el momento de escribir esta entrada, en agosto de 2026, que ya avanzo, me parecieron excelentes: por una parte, la exposición de Cristina Iglesias “Pasajes / Passatges” en La Pedrera de Barcelona; en segundo lugar, la muestra dedicada a Alfred Jarry (1873-1907) en el Museo Picasso; y finalmente, la organizada en el Palau Martorell titulada “En el mar de Sorolla con Manuel Vicent”. Ha sido un gran placer visitarlas. Mis felicitaciones a sus comisarios y a los respectivos museos que las han acogido.

En este periodo vacacional que disfruto en el verano de 2026, me gustartía hacer un repaso a las exposiciones de pintura, escultura y arte en general que he visitado en este curso académico 2025/2026, que ya está a punto de finalizar. Tras visitar estas exposiciones, iba dejando pasar los días sin hacer ningún comentario aunque lo valiesen plenamente, por lo que quiero colmar ese poco trabajo en mi Diario digital realizando ésta, que agrupará las tres exposiciones que he tenido el placer de gozar, lo cual me ayudará también a ejercitar la memoria.

Sobre la Exposición de Cristina Iglesias “Pasajes / Passatges” en La Pedrera de Barcelona, que visité en noviembre de 2025, en la que descubrí a esta escultora vasca y sus obras, muchas de ellas con puntos en común con Gaudí, básicamente en sus esculturas más relacionadas con la representación de la naturaleza.

Recuerdo su obra “Pasaje”, que literalmente hace referencia a una construcción en la penetré, y en la que descubrí que sus muros contenían letras, que consideré una integración del mundo de la poesía o de la literatura en una pieza escultórica, para después pasar a otra escultura que hacía del Agua su fundamento. Vi lo que podía ser una gran jardinera trabajada con piedra, minerales o algas que intermitentemente formaba una gran cascada desde la parte superior que con un gran estruendo descendía hacia el abismo, para pasados unos segundos, el agua volviese a ascender e iniciarse otras vez el proceso descrito. Me encantó esta construcción, la representación de una naturaleza dinámica que emerge a la superficie para volver a descender. Al verlo pensé en e el poder transformador de la naturaleza que en un minuto nos decía la capacidad que dispone para moldearlo todo, en la obra de forma rápida, en la realidad, de forma silenciosa y lenta, pero incansable. Esta reflexión la hago en el contexto de otra más general sobre cierto temor ante los fenómenos de la naturaleza en el marco del cambio climático que vivimos, o mejor dicho, de una climatología ya cambiada que puede castigarnos con olas de calor constantes, acompañadas de tormentas perfectas u otros fenómenos extremos con peligro para las infraestructuras o las vidas humanas. Esa misma reflexión la tenía al pasar por una escultura que representaba un bosque, con troncos gigantes, en el que me sentí perder referencias sobre todo espaciales (de hecho, eso es lo que me ocurre cuando me adentro en un bosque, aunque llevado por mi prudencia o respeto a la naturaleza, siempre miro de no ofender la confianza que me da para que pueda conocerla, aunque sea superficialmente). Con eso me basta para admirarlo, el bosque real y el bosque escultórico.





Otra exposición que he visitado este curso ha sido la de Alfred Jarry (1873-1907) en el Museo Picasso, ya en el mes de enero de este año.

Me encanto conocer a este artista polifacético por ser el creador de UBU Rey, que es verdaderamente a lo que se dedica la muestra. Me encandiló como la creación de este personaje grotesco en el marco de una obra de teatro producida por Jarry que fuese útil para agrupar frente a él todas las formas posibles de ataque al autoritarismo, usando para ello cualquier concepto, empezando por el absurdo de la vida. Contra Ubu Rey no solo el autoritarismo podía caía bajo los efectos de la risa, sino cualquier cosa ligada a convenciones sociales, costumbres burguesas o maneras elitistas de parte de la sociedad, la colonización que ya empezaba a germinar veneno en los propios países colonizadores, o todo tipo de racismo. De hecho, la exposición mostraba la influencia que durante años, ocupando todo el siglo XX tuvo Ubu Rey tuvo en obras y artistas posteriores hasta llegar a nuestra época.



Más que nunca, pienso que este personaje, con su capucha triangular, estaría siendo plagiado en sus gestos, actitudes o situaciones “ubuescas” por parte de diversos poderosos políticos o financieros en el ámbito mundial. La necesaria crítica frente a ello debiera estar presente, tanto des del mundo artístico como también el político y social. Da la impresión que no es así, o que se esté validando como ordinarias situaciones que hace un siglo solo podían caber en un teatro. La voz de la intelectualidad también debería alzarse frente a ello, pese a que, si que creo que en la actualidad, en el marco de sistemas democráticos, existen estrategias o tácticas impulsadas por poderes privados muy fuertes para hacerles desistir de ello. También creo que debería reflexionarse sobre que método es el más conveniente para atacar a decisiones o ideas que restringen derechos de personas o su dignidad, si la argumentación solida aunque compleja, si la burla con desvergüenza o la respuesta emocional cuando uno se enfrenta  a gestos o expresiones que solo tienen ese fundamento detrás. Debate que debe afrontarse, aunque las tres pueden ser salidas viables hoy por hoy para combatir todos los ubus que nos acechan.

Finalmente, en el mes de marzo visité, ¡Como no! (como bien sabe quién me conoce por la admiracion que tengo por el pintor) la exposición “En el mar de Sorolla con Manuel Vicent” en el Palau Martorell. Una visita de excelente, para aspirar en una sala lo que siempre ha debido ser el Mediterráneo, no lo que estaría siendo ahora, un cementerio de personas que tratan de llegar a Europea. Recuerdo una obra de Vicent, La Regata (publicada por Penguin Random House Grupo Editorial en el 2017),que transcurre en ese mar compartido amorosamente por el escritor y el pintor, en la que en determinado momento se trata del caso de un migrante ahogado en su travesía  a Europea, y se expresa una frase que me llegó a lo más hondo de mi espíritu, al reconocerse que «ese cadáver sin rostro ni nombre es también el símbolo de toda la humanidad que ha naufragado»".

De hecho, en la muestra Vicent, a través de un video que valía la pena sentarse a ver unos minutos, si explica aspectos de la obra y de la vida de Soroya. De sus explicaciones, me quedo, en tanto que profesor de Derecho del Trabajo, sobre la relación del pintor con el trabajo. Según el escritor, Sorolla era un trabajador nato, que pensaba que la felicidad de las personas derivaba del trabajo, de ahí que, también en algunas de sus obras pintase el trabajo en el Cabañal, dándole en mi opinión, un sentido, una finalidad, una luz que iluminaba el esfuerzo de las personas que lo llevaban a cabo. También veo reflejo de ello en la obra Pescadoras valencianas, de 1919, donde detecto una admiración del pintor, que me traslada a mí, por el trabajo que realizan.



Me ha encantado hacer este repaso a las ofertas culturales mostradas en Barcelona desde el anterior verano al actual. Espero hacer despertar también en vosotros el interés por el arte, al que pretenden silenciar tantas fuerzas vivas y con influencia en nuestra sociedad.

 
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